martes, 2 de febrero de 2010

Unos granaínos en los Oscar

Curioso que me haga eco de una noticia de este calado, pero es que hay que informar al personal: un estudio de animación paisano, Kandor Moon, ha logrado una nominación a los Oscar con un corto de su cosecha, "La dama y la Muerte" (web oficial, fuente obtenida a través de las noticias de Localia, programa que suelo ver para estar al tanto de la actualidad en mi ciudad/provincia mientras ceno, a partir de las 21:30 aprox.) a mejor corto de animación.

Mención aparte también dar a que este estudio recibió también preselección por su obra "El lince perdido", largometraje de animación, en las categorías de mejor película de animación y a la mejor banda sonora original. Aunque éstas no hayan pasado la mejora, cabe destacar que han sido el único estudio, junto con Píxar, en obtener estas tres candidaturas. Se dice pronto.

En fin, enhorabuena a los paisanos, a los que espero ver alzando la estatuilla, lo que les dará sin duda un empujón necesario para seguir llevando a cabo este tipo de proyectos que no sólo les dan renombre a ellos, sino también a la producción artística granadina.

Y por lo que a mí respecta, a seguir plantando codos, que es lo que toca (cierto nerviosismo si no histeria por el primer examen de mañana...).

domingo, 24 de enero de 2010

Tratado contra el Método: Feyerabend vs el mundo

En mala hora me decanté, tras varios intentos, coger a este sujeto como lectura de la asignatura de Métodos y técnicas de investigación histórica. Aunque total, ¿qué me hubieran deparado otros como Kuhn, Chalmers o Popper (de este último también he leído algo, es un cáncer)? Dentro de la pedantería que les caracteriza, estos autores machacan la historia de la ciencia a su antojo, reformando la forma de verla (que si paradigmas, aximas, terceros mundos...) y más que crear una disciplina u orientación ontológica propia, se recrean más, o al menos esa sensación me da, en machacar lo que es contrario. Claro, que si nos damos cuenta, como se cambia de paradigma/axioma científico precisamente es así, criticando lo anterior, a partir de lo cual se generará una forma de pensar nueva. Y así va el mundo, todos nos echamos mierda a todos.

Dejemos de divagar, aunque esto no irá de otra cosa. El caso es que he sufrido lo indecible consumiendo este libro. Y sinceramente, para todo lo que tenía que decir, casi que me quedo con la poliopía de Kepler. Criticar el modelo científico a través del estudio de la influencia en Galileo de las teorías de Copérnico es algo bastante doloroso para los poco entendidos (servidor inclusive). Ahora, supongo que mirándolo con algo más de base y desde una perspectiva antiacadémica posmoderna, se puede apreciar bastante la crítica al neopositivismo a partir de esos postulados. Ahora bien, un cafre que no tiene ni puta idea de eso como yo... ¿qué pretende sonsacarle?

Vayamos al quid de la cuestión, que como me enrolle tratando de entender la primera parte del libro nos pueden dar las uvas y conseguiría hacer otro tocho infumable. Resulta que la primera parte simplemente pretende justificar la argumentación que nos brinda: una crítica al ordenamiento de la ciencia. Espera... ¿el tío lo único a lo que se ha dedicado es a soltar una interpretación de la perspectiva de Galileo para acabar metiendo baza contra la ordenación de la ciencia? Pues sí. Un antirracionalista convencido que le ha cantado las cuarenta bien cantadas al orden científico institucionalizado. Y lo ha hecho a partir de la incomensurabilidad del lenguaje en la ciencia (algo así como que no se pueden comparar dos teorías en una misma lengua porque no dicen entonces lo mismo: vamos, que viene a justificar que las traducciones cambian el significado de las oraciones al adaptar de una lengua a otra lo dicho). Una conclusión en principio interesante, que pensada en frío puede dar mucho de lo que hablar.

Pasemos a otro punto: la ciencia neopositiva está institucionalizada. Y la posmodernidad quiere rescatarnos. Válgame el cielo, no sé qué es peor. La vertiente de este caballero que se metió en las SS porque le gustaba el uniforme plantea el anarquismo epistemológico (vamos, casi que sería anular el método, conocido como nomenclatura/orden/etcétera en la ciencia para dejarla a su aire). Lo que pretende es desvincular de la interpretación y el entendimiento humano la ciencia, o más bien, los sucesos y la forma en la que pasan las cosas, prescindiendo de una forma de clasificarla. O sea, deshacernos de la nomenclatura de los fenómenos. O al menos, es lo que yo he entendido al respecto. Cierto es que postula esto refiriéndose a la corrupción institucionalizada que ha logrado la ciencia en la realidad contemporánea, su mitificación. De ahí que propugne la simpática separación "ciencia-Estado", al igual que otros teóricos postularon en su momento la separación "Iglesia-Estado". Esto es complicado y yo no sé explicarlo, así que lo mismo estamos buscándole demasiadas patas al gato. Pero lo que viene a hacer sobre todo es a frustrarme por su tendencia anticlasificatoria, ya que tengo la etiqueta de teórico muy aferrada a la frente y poco puedo hacer por quitármela.

En general lo que vengo a decir es que tengáis ojito con la posmodernidad, puede derribaros los esquemas de una forma muy poco sutil. A mí me lo está haciendo a través de una influencia antiinstitucional considerable y de un fomento de mi perspectiva crítica bastante acusado. Vamos, lo que viene a ser una disconformidad casi enfermiza hacia dónde están yendo los tiros en esto de la ciencia, tanto humanas/sociales como naturales. Así que nada, a fomentar el espíritu crítico para saber que no es oro todo lo que reluce por muy bonito que te lo pinten. Y vuelvo a incidir, tened cuidado con la sombra de Popper, pues es muy, pero que muy alargada...

viernes, 22 de enero de 2010

Crónicas de la estancia en la pérfida Albi... quiero decir, Londres (14-17/01/2010)


Ya iba tocando. Después de haber pasado unos diíllas allá por Londres, la capital del país europeo menos europeizado (si es que se puede considerar eurpeo siquiera) pues tocaba hacer acopio de material, recopilar las cuatro fotos que mereciesen la pena y soltarlas por aquí. Y para empezar, qué mejor que un "fotomontaje" para dar rienda suelta de nuevo a mi vena artística y parecer más falso que Popper justificando la ciencia en cuanto a mis devenires por el país del Fish & Chips.

En definitiva, me dio un venazo monumental este año y me cogí la asignatura optativa de Historia del arte (bendita LCE) Arte prehispánico. ¿De qué va la cosa esta? Pues de qué va a ir... ¡Mesoamérica antes de la conquista! Pues resulta que se ha normalizado un viaje a Londres en esta asignatura para todos los años en unas fechas que suelen ser un poco estresantes para los alumnos, por lo que viene bien desintoxicarse de la rutina y escaquearse a conocer gente a la capital del Imperio Británico. Así que tras prepararlo todo marchamos una mañana a Málaga y desde allí volamos rumbo al islote. El recibimiento parecía augurar una estancia bastante fresca, el aeropuerto y sus inmediaciones yacían cubiertas de nieve. Así que el viaje en autobús hacia el hotel se caracterizó por ver el idílico paisaje de una tierra inhóspita nevada. Y entre la nieve, pude vislumbrar a un zorrito. En fin, descargamos en el hotel (previo encender la tele para ver la versión inglesa de "El rival más débil" e iniciar los memes londinenses con la expresión "Bank!") y dispusimos a salir a conocer el ambiente londinense, o sea, tirar para un pub a hincharse de birra. Dicho y hecho, así acabó la primera jornada del viaje.

A la mañana siguiente tocó elaborar un nuevo plan: British Museum por la mañana y National Gallery por la tarde. Paseíto de rigor por el centro de Londres (del que salió de la nada una maravillosa expresión totalmente espontánea de mi mente, "va a venir el Grutesco y se va a cagar en tu puta madre") y llegamos a ese maravilloso lugar en que se puede disfrutar de toda una experiencia denominable como "orgasmo cultural". Vamos, que tras un par de siglos recorriendo el mundo para llevarse y comprar todo lo llevable y comprable posible, hay que reconocer que la exposición de cosas, a pesar de ser una mísera parte del fondo total del museo, está de puta madre. Y eso que sólo vi una mínima parte. El caso es que disfruté como un enano en la parte asiria y en la maya (de la que dejo este interesante bichejo aquí). Además, la exposición temporal que había en estyos días correspondía a una serie de elementos mesoamericanos (esencialmente aztecas) que me hicieron gozar todavía más si cabe de dicha experiencia. Otras cosas que considero que me quedaron medio bien en la foto son esta familia egipcia y una foto del entablamento del Partenón. Comprar regalitos, comer, y para la National. La pinacoteca estaba también de puta madre: el matrimonio Arnolfini, la batalla de San Romano, obras de Velázquez, Rubens, Rembrandt, Van Gogh... (entre otros muchos). Otro orgasmo cultural, aparte de la cojonuda recolección de trastos barrocos de estética semanasantera que recopilaron en la exposición temporal de "lo sagrado hecho realidad", que simplemente por las obras de Alonso Cano, Martínez Montañés y Gregorio Fernández, merecía y mucho la pena. Tras esto, fotos de rigor en Trafalgar Square (no meé en la columna de Nelson... ¡imponía demasiado!) y hasta llegamos al parlamento, con el Big Ben y todo. Subiría fotos con Churchil, pero es que han salido como el culo (puta mierda de iluminación se gastan por ahí). Paseíto para ver que las abadías estaban cerradas y al parlamento ni nos molestamos en olisquear (olía demasiado a Lord inglés...).

El siguiebnte día empezamos por Portobello Road (¡quién no se acuerda de aquella escena de La bruja novata...!), donde nos dejamos los cuartos en diversas chorradas para la familia, amigos, etc. Así que como la intención era acercarse a ver Saint Paul y el Tate Modern Museum (museo de arte contemporáneo con tan reciente mala experiencia del Reina Sofía no podía augurar nada bueno...). El caso es que empezó a llover y cogimos el autobús. El autobús nos llevó hasta el British, y desde allí tocó andar mientras caían chuzos de punta. Total, llegamos empapados a la Tate y no pudimos subir a Saint Paul. Y la Tate... bueno, salvando la sala que sólo tenía carteles de propaganda soviética, hay que reconocerle que es un museo de arte contemporáneo más. En especial por las fastuosas obras audiovisuales de Paul McCarthy (si malo no recuerdo). En fin, que salimos de allí tan rápido como pudimos y para el hotel... y a cervecear de nuevo desde allí.

El domingo, el último día, paseíto con sol (sí, nos salió el sol en Londres... ¡tócate los cojones!) hacia los museos de Historia Natural y el de Artes Decorativas. En el primero estuvimos escasos minutos, pero dio tiempo suficiente a apreciar ciertas aberraciones contra natura en el escaparate de la tienda. Poco más, algunas fotos movidas de esqueletos, con Darwin y adiós muy buenas. Ahora, el museo de Artes Decorativas estaba bastante de lujo (salvo si en principio no nos hubiésemos perdido por la zona de platerías dieciochescas... ¡qué hosterada!). En fin, llegando a la zona de Japón, tocaba hacer la foto weaboo de rigor... No me siento orgulloso aunque no lo parezca. Total, a media mañana ya rondábamos para el hotel, descargando y para casita de vuelta.

Ahora bien, comento que mi experiencia con los aviones no fue muy traumática, a pesar de que en el viaje de ida hubo turbulencias. Bastantes, además. Pero en fin, me lo pasé de puta madre, desconecté, conocí a gente de arte cojonuda y, bueno, no me importaría repetir algún año de éstos la experiencia (más que nada, por una cuenta pendiente con lo que me falta del Birtish...). En fin, esto es todo por hoy. A ver cuándo me da por hacer algo interesante de nuevo y contarlo por aquí a mi manera, o sea, espantando al público lector. Nos vemos en posteriores entradas y, ¡carajo! Los universitarios poneos a estudiar, que son fechas y todavía seguro que quedan rescoldos calientes de cosas que no se han hecho... como es mi caso con el señor Feyerabend. Hala, buenas noches que me han dado las tantas escribiendo esto y mañana tengo a primera hora prácticas de paleografía.

lunes, 18 de enero de 2010

Reflexiones de retrete II: la inconmensurabilidad de la incompetencia

Como llevo cosa de un mes casi sin escribir algo en este tugurio falsacionista, me decanto por volver a vacilar de mis escasos conocimientos epistemológicos (que realmente no es más que un montón de ontología barata que no tiene nada en particular).

Me apetecería hablar de cualquier otra cosa, pero es que ando obsesionado con una cuestión que me planteó un compañero de clase esta mañana mientras bajábamos de ese lugar donde se supone que nos enseñan algo llamado universidad. El caso es que me preguntaba sobre el posicionamiento de el neoliberalismo en la teoría de la ciencia. Dándole un par de vueltas a la respuesta que le di, me percaté de que este término se acuña más desde una perspectiva económica o de teoría política más que de lo referente a la ciencia, más que nada porque no creo que tenga una cabida concreta, sino simplemente encuadrarse en una de las muchas teorías de la posmodernidad.

Yendo al grano, la cosa es que le respondí algo así como que el objetivo de dicha ideología era alcanzar la felicidad del individuo (como buen objetivo de una teoría heredera de la Ilustración) a través de la posesión de propiedad privada o bienes económicos o físicos. Vamos, quien más tiene más probabilidades tiene de ser feliz. Después lo replanteé como un objetivo económico o incluso político, y da más resultado que desde esa orientación que como objetivo de una ciencia (a no ser que sea la explícitamente económica, o al menos dentro de lo que es el capitalismo feroz con el que tenemos que lidiar a día de hoy).

El caso es que eso me recuerda que no estoy muy al día y, teniendo la oportunidad de ponerme a rajar de nuevo de la situación actual que vivimos en relación al terrible terremoto que ha sufrido Haití esta última semana, pues debería ponerme a leer algún periódico o informarme de alguna manera fiable de qué demonios ha pasado y cómo va la cosa para buscarle de nuevo los tres pies al gato o algo parecido, aparte de que queda curioso que el amigo Chávez salte ahora que la Playstation sea veneno capitalista.

Pues eso, que tengo que preparar un resumencillo sobre el viaje que he hecho este fin de semana a Londres, cortesía de los profesores de arte de la universidad. Que si no, nadie va a entender por qué va a venir el grutesco y se va a cagar en nuestra puta madre...

martes, 22 de diciembre de 2009

Avatar: bichos azules con mucho tonalli


Ya tocaba ir volviendo a las andadas. En esta ocasión, bajo el título de moda que se gasta Jame Cameron después de sus once Oscars con Titanic. Y sí, el hombre que nos ha dejado perlas como Terminator no se había puesto tras las cámaras desde entonces. Ahora nos soprepnde con un filme moralizante y efectista, una vanagloria de la tecnología digital que perfectamente podría haber quedado mejor, según mi humilde opinión, en dibujos animados directamente. Y es que más que una película de acción real, parece eso, una cinta de animación.

En el año dos mil ciento y pico, la humanidad ha hecho lo que está haciendo con su planeta pero claro, sumad 100 años (si es que llegamos) a la situación actual. El caso es que, como en Gundam, se crean colonias y naves espaciales para atravesar el universo y llegar a un planeta en plan selva salvaje en el que abunda el coltan espacial, la madreselva y un sinfín de bichejos, entre ellos unos larguiruchos azulados en plan tribu amazónica. Pues los humanos molamos tanto que, a base de ingeniería genética, logramos elaborar un proyecto de investigación para hacer a esos humanoides artificiales y conntrolarlos mentalmente a través de nuestra potencia y la fe en el progreso (más optimismo tecnológico en bandeja, por favor). Así que un marine cuyo hermano espichó hacía poco, inválido y cazurro, se embarca en el desarrollo de dicha iniciativa y, sin preparación alguna, recibe un tipo azul y larguirucho. Se integra con una tribu autóctona y, a pesar del rechazo que sufre al principio, se acaba haciendo de los suyos. Pero claro, los humanos somos garrapatas para todo. Así que los marines toman cartas en el asunto y deciden derribar el lugar en el que habitan los larguiruchos, se cepillan a medio poblado y luego claman venganza, batalla épica y final feliz. Entre medias, abuso de moralidades ecologistas a saco y estereotipos trilladísimos en cuanto a personajes y desarrollo del metraje.

La película en sí, todo sea dicho, no vale un carajo. Por muy cara que sea, no vuelve a ser más que contar la historia de siempre, con el aliciente de que su estreno coincide con la cumbre del clima esa de Copenaghe que no ha valido más que para ver que se sigue dando colchón de conformidad a los países pobres para que no revienten pero se les sigue comprando la mierda que se expulsa a la atmósfera para que no se sigan desarrollando y las potencias occidentales y occidentalizadas se puedan seguir nutriendo económicamente. Es el círculo vicioso que ha servido para sustentar el sistema y no conseguir el objetivo primordial que debería ser ante todo eso, primordial, no porque haya una preferencia concreta, sino porque o lo acatamos o nos jodemos. Y no creo que la gente esté por la labor de mudarse a Marte a sobrevivir en cúpulas (volviendo de nuevo a trillar esa tesis de oprimismo tecnológico que ya no se cree ni el Tato).

En fin, vayamos, después del venazo crítico, a lo que más le gusta a la gente que lee estas entradas: el análisis comparativo y los retorcimientos mentales que sólo yo puedo sacarle a este tipo de cosas. Analizándolo desde una perspectiva historiográfica ecléctica fruto de pocos años aún de estudio (y pésame decirlo, pero absolutamente influenciada por una ideología posmoderna radical) pues podemos equiparar este capítulo del cine, el más caro hasta el momento, con los típicos procesos de conquista, con su resistencia y su alegato insaciable del "vive y deja vivir" que este paradigma de la globalización ha consumido en casi la totalidad del mundo. Partiré desde un caso que tengo ahora muy de moda en mis debates con la almohada: el proceso de la conquista americana. Sí, la del siglo XVI, sin ir más lejos, es un ejemplo perfecto de lo que podría asumirse. Claro está que una colonización del tipo anglosajón quedaría mejor al caso, por la absoluta aculturación que se pretende vender y tal, pero es que la similitud a los pueblos prehispánicos que habitaban el continente americano lo veo más acertado, pero también es que conozco mejor ese caso y, qué demonios, me encanta ese tema. Podría equipararse a cualquiera de las tribus del Amazonas, pero con un componente ideológico bastante similar al que nos topamos en las civilizaciones mesoamericanas (de las que he acabado teniendo un mejor conocimiento antropológico). Nos encontramos entonces en este punto con un mundo vinculado a lo natural: todo esta entrelazado con todo. La relación existente entre este pueblo de larguiruchos azules con rostro y gestos gatunos no es más que una idea de lo que estas poblaciones (o al menos de lo que se tiene constancia de ellas) entendían por unidad con el medio: las divinidades en las civilizaciones mesoamericanas representaban el culto a lo natural, ya fuera a la lluvia y el agua, al viento, al fuego, al maíz, a la muerte... La típica reacción mítica ante lo que no se sabe de su origen. Este pueblo adora monoteístamente a una sola entidad que engloba todo eso: las plantas, los animales, etc a través de una conexión permanente entre todos los elementops del medio. Y así es como funcionan. El caso es que un buen día llega el elemento extraño: el extranjero venido de muy lejos para hacerse con el oro. En este caso, el coltan espacial cuyo nombre en la peli no recuerdo. Así que nada: sometimiento, aculturación y explotación. Eso sí, antes los acojonamos, como el divino y extremeño Quetzalcóatl cuando llegó a Tenochtitlán y empezó a tirar las estatuas del templo de Huitzilopochtli por ser una herejía contra los designios del Señor. Las comparaciones son odiosas, pero también vemos cómo, a falta de unos tlaxcaltecas a los que unirse, los conquistadores ven su trasero pateado ante la combinación de fuerzas de toda la naturaleza y los tiparracos azulados. Bonita elegía a que no debemos interferir en las culturas primitivas ajenas, a lo sumo enviarles a un antropólogo y que, a través de un método comparativo a la Binford con los inuits, se analicen sus costumbres y sus modos de vida.

En fin, lo que hace el aburrimiento... Es que tengo el ordenador en el taller y me toca tirar de divagaciones para sobrevivir. Bueno, al menos así se adelanta trabajo, que estas navidades tengo lo no escrito para currar y pasármelo pipa. Aunque poco hemos adelantado estos días. En fin, felices fiestas a todo el mundo si no llego a escribir nada por aquí estas navidades (a lo mejor, si el señor Feyerabend no fuese tan sumamente denso en sus exposiciones sobre los escasos conocimientos de óptica de Galileo y la poliopía de Kepler...). Pues eso, que a pasarlo bien, no atraganntarse con los mantecados y las uvas, y recordad dedicarme un brindis (de anís si puede ser, por la nostalgia de Basti).

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Spice & Wolf II: la venganza de Horo


Siguiendo en mi línea de reseñas de series que terminamos recientemente en Tanoshii, aquí va otra, la secuela de la historia de la lobita manzanófila y su maromo. Similar a su antecesora (por algo es la segunda parte), cabe destacar sobre todo el cambio de estudio a uno de mis favoritos, Brain's Base, el estudio de magníficas maravillas como Baccano!, Natsume Yuujinchou o Kamichu! (aunque el cambio quizás no haya sido tan a bien, porque la serie se gasta una QUALITY apabullante).

La cosa comenzó sobre mayo de este año, con el anuncio de una OVA que al salir nos dejó a todos con cara de gilipollas al ser del relleno más vil y rastrero (en definitiva, de lo que va la mitad de la serie: ver a la lobita borracha, de resaca y haciéndose la tsundere con Jun Fukuyama). Luego en verano llegó la serie. La osa venía a ser más conflictos entre la loba y su acompañante, y éste le sigue el juego de una manera visceral porque se nota a la legua que está coladito por ella (tras los acontecimientos de los últimos episodios de la primera parte). Pero esta vez tocaba enfrentarse a un chavalín de alta cuna que quería robarle a su orejuda waifu, así que todos se pusieron como locos a traficar con la pirita. Le salió bien la jugada fluctuando con unas leyes de oferta y demanda bastante aleatorias y se quedó con su Horo. Así que tocaba proseguir el camino al norte. Y en el norte nada más y nada menos que tenemos un convenio de comerciantes de pieles que preparan la Revolución Francesa. Así que Lawrence y su acompañante furry se meten en más entuertos con una traficante de oro blanco que tiene chanchullos con la Iglesia y pasan movidas muy raras y el último capítulos es una arbitrariedad absoluta que no tiene ni pies ni cabeza. Soy un friki de la economía medieval y me quedé de piedra al ver lo que sucedió (aparte de la monumental fumada que se gastaron con el chanchulleo de la rubia).

En definitiva, la serie que pudo ser y no fue, arrancando interesante con el drama y demás, pero quedándose a medio camino. No tan encantadora como la primera temporada, pero sí que me quedo con el OP de ésta, que te vende el oro y el moro en la serie, pero que luego defrauda un poco más. Aunque bueno, siempre nos quedará buscarle los tres pies al gato, como los personajes que aparecen destacadísimos en la secuencia de apertura y a lo sumo aparecen en dos o tres ocasiones en el segundo arco y tal. Eso en cuanto a la trama, luego ya en cuanto a equivalencias históricas con la realidad... partiendo de que ese universo parece formado por una infinidad de ciudades-Estado al más puro estilo italiano bajomedieval, pues... pues nos damos cuenta de que todas son unas furcias porque llevan el pelo sin cofia, suelto y al aire, ¡para que los comerciantes machorros tengan con quien disfrutar la noche, pero eligiendo entre un gran elenco! En fin, qué se puede esperar de una serie de ambientación en la que el protagonista parece un macarra de instituto de los ochenta. Aun por todo esto, es una serie potable, entrañable y entretenida, pero es que yo soy de los que buscarle tres pies al gato, y sencillamente, también le acabé cogiendo un poco de tirria con eso de tener que laburarla y tal (y después de haberme visto como tres veces la primera temporada).

Y nada, ya sólo queda esperar una futura tercera temporada... y los interesantísimos especiales de los BluRays, con emocionantísimas sesiones de aerobic que se marca Horo. ¡Esencia pura y dura del comercio! Puto paradigma de la globalización...

domingo, 6 de diciembre de 2009

Procesualismo fervoroso

Quiero compartir con mis lectores una curiosa cita de una experiencia que el arqueólogo estadounidense Lewis Bonford tuvo el placer de presenciar (sacado de Teoría arqueológia. Una introducción de Matthew Johnson, pp. 39-40. Barcelona, Ariel, 2009).

Recuerdo un día que un típico estudiante del profesor Griffin volvía de una salida de trabajo a la parte alta del valle de Illinois. Había entrado en el museo con el anuncio de que había encontrado un objeto "único", una vasija pintada en negativo. Griffin se interesó lógicamente por el hallazgo y Papworth dijo adelantándose: "Déjamelo ver". Tomó la vasija, la miro y la lanzó al suelo y la pateó hasta dejarla reducida a añicos. "Esto es lo que pienso de tu ejemplar único". Griffin tuvo un shock, al estudiante casi se le salieron las lágrimas y yo me reía interiormente. (Binford, An Archaeological Perspective. 1972, pp. 130-131).

Graciosa anécdota que hace entender bien las diferencias entre la arquología tradicional y la Nueva Arqueología en los años sesenta en el panorama estadounidense. Por cierto, el libro del que saqué dicha anécdota es 100% recomendable.

martes, 1 de diciembre de 2009

ToraDora!: Troll + Drama


Slowpoke anime reviews strikes back. Y esta vez con uno de los peces gordos del año pasado, nada más y nada menos que ToraDora! (tigre-dragón). Resta decir que quien no la conozca a estas alturas de la película vive debajo de una piedra. Y la verdad, en cierto sentido, me alegro de no haberla visto cuando tocaba, si no me tocaba verla dos veces como otros muchos casos se han dado (cosas de índole fansuberil). Lo primero a destacar es que esta serie ha sido de capaz, a pesar de su oversubbeo, de juntar a dos de los grandes fansubs en castellano (según la crítica) para hacer una versión que he revisado personalmente (y eso no es que le dé ninguna categoría de calidad o algo, pero vamos, que ahí he estado metido "en su puesta a punto"). En fin, egolatradas aparte, pasemos a hablar un poco de la serie y la impresión que me ha causado.

La serie comienza como una típica comedieta de romance que tanto abundan ahora mismo en el panorama de la animación japonesa, siendo una serie de JC Staff y con su ídolo ahí como seiyuu protagonista de nuevo en el papel de una enana tsundere sin tetas. Asío, resulta que conoce a un chaval con cara de mastuerzo que en el fondo es un cacho de pan al cual le gusta su mejor amiga, pero a la par a la enana chillona le gusta el mejor amigo del chaval. Total, tigre y dragón se compenetran para conseguir ambos sus objetivos amorosos. Hasta que la cosa empieza a torcerse y a degenerar sobremanera, transformando a los personajes radicalmente. Podría dedicar otra entrada entera a la evolución de los cinco personajes más destacados, pero en fin, eso sería prolongar esto lo improlongable, y quiero tirar por otros derroteros. Total, la trama pasa a denominarse "drama" por unos, "deep" por algunos, "troll" por otros, "shit" por los más radicales (y quizás los que más se acercan a la realidad...). En fin, que del batiburrillo de opiniones se saca en claro "trolladorama". Enfocándose así, puede parecer que la cosa es intragable y que la cosa pasa de ser una entretenida y agradable comedieta romántica a un culebrón venezolano de sobremesa. Y como ya sabemos todos, no puedo evitar caer en la tentación de dichos culebrones, y acabé enganchado a la serie. Quizás por otras razones que me pondré ahora mismo a justificar, que luego se me tiran las piedras sin haber soltado palabra.

La razón fundamental por la que es odiada y detestada esta serie seguramente es por su giro dramático, abusivo para mi gusto, pero significativo en el desarrollo de la serie. Parece ser que el final ha sido de nuevo invento del estudio, así que poco tiene que ver con el de las novelas en que se basa dicha serie. Aunque también hay manga y VN con finales más... alternativos. La cosa es que este cambio nos muestra, de forma siempre muy exagerada, lo que tiene ser un adolescente. Aparte del aliciente de disfuncionalidad familiar que le meten al caso de nuestros dos protagonistas, también cabe destacar que, salvando las distancias con la realidad, se tocan temas que los chavales de instituto suelen tener siempre presente, al menos, los chavales que no son de esta grotesca generación "nini" (ni estudian ni trabajan) y que forman parte del pensamiento débil borregil del panorama de la globalización que impera en el mundo estos días. Si hay inquietudes, surgen este tipo de problemas, y más si hay rollos amorosos de por medio, que la gente tiende a idealizar, y que en el fondo lo que hacen normalmente es agravar esa sensación de "¿qué hago yo aquí?". Aunque claro, siempre es más fácil acabar viviendo como un "simple mind" que tratar de hacerse preguntas de un tipo algo más existencialista. A mí me pasaba, y ahora gracias a ello, esty bastante corroído por los debates epistemológicos en torno a la teoría del conocimiento y la realidad (gracias señor Feyerabend por torturarme por las noches). Lo que vengo a decir prioritariamente es que, siempre y reitero esto de siempre salvando las distancias, esta serie es un reflejo bastante acertado de la mentalidad que los adolescentes, al menos desde mi punto de vista, suelen tener. Es difícil ser joven. Dicen las buenas lenguas que serán los mejores años de tu vida. Permítanme objetar: una polla. Cierto es que si hay inquietud, hay sufrimiento por saber qué va a ser de mí cuando todo esto acabe. La cosa está muy mala y no exagero. Al menos mi panorama es bastante oscuro, lo sé de primera mano porque en estos años me estoy jugando mucho y soy terriblemente consciente de ello. No es algo que precisamente sea una cosa para disfrutar y olvidar, que luego llegan los llantos después de las risas. Así que nada, tocará hacer de tripas corazón y seguir desviviéndose por un incierto futuro mejor.

Vuelvo a incidir que todo esto no es más que una percepción absolutamente subjetiva de la realidad por mi parte. ¿Me equivoco y exagero? Muy posiblemente, pero prefiero afianzarme ahora antes de que se me caiga el mundo encima. Y es muy pesado. Así que yo recomiendo tomarse las cosas un poco más en serio y no acabar siendo adicto al gran hermano y a hacer de tu vida social el botellón y la discoteca. En fin, me ha salido más una declaración de intenciones (otra vez) que una reseña de una serie de dibujos japonesa. Bendita juventud y maldito neoliberalismo.